I
Yo espero, ansiosa,
que tu boca se abra como un río
y me palpe toda,
o todo.
II
Yo quiero que me extravíes
en tu Corte, en tu taza de café
o en todo lo que no se te olvide,
tu gafas de leer, tu ropa íntima...
Aquél poema que se te yergue en la
en
tre
pier
na.
III
Salto en madrugadas donde las voces
son pentágonos de piel que llaman
desde El Encanto y sus bosques maduros
IV
De pronto me vuelvo cometa y estoy allí,
al borde de tu lecho, donde la puerta del mundo
es el río crecido.
V
A veces te pienso, tan soñado el desvelo...
Tan ligera y marina, pan de la luna,
pan del sol.
VI
Me visitan tus olores con los del pasto
y no dejan más que la sombra de quien llora
VII
Me vuelves espumas, un código de orquídeas y orquídeas
que se habitan entre sí.
VIII
No te encuentro, pues, en la carne
No te encuentro donde no te tengo aún...
IX
La pupila se encamina hacia el sueño,
estos día, gloriosos,
flotan primaveras
se agitan veranos
mandrágora en la pelvis...
X
tal vez no sean tus ojos los que vea
o tus oídos a quien susurre,
tal vez sea más animal esta noche